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Mostrando entradas de enero, 2019
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TRATANDO DE    ENTENDER Por enésima vez abro el libro, el mismo libro, el incorpóreo compendio de palabras hiladas contándome la historia que encierra lo que sería una suerte de diario de la vida de Juan. Juan el buscador, Juan el filósofo, Juan el niño- adulto-viejo- sin cuerpo y con dudas, Juan el sabio, Juan el que vuelve a buscar entre las palabras. Palabras que atrapan, que inútilmente intento disecarlas, de colocarlas en un espectro-fotómetro para ver de qué están hechas, indagar su origen. Ver como hicieron para estar en armonía/desarmonía al mismo tiempo. Y así y todo, transmitirnos sensaciones, profundas sensaciones, angustias, alegrías y soledad acompañadas de una enorme estrella negra, de los recuerdos de infancia, del sabor a lluvia, del calor de la tarde y del calor de la gente. De Invenciones de Morel y de Moral disfrazada atrás de una camisa con corbata y Flores robadas en los jardines de Quilmes. La ciudad y la cerveza fresca como una tarde-noche...
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EL CHICO DEL SEMÁFORO La sonrisa le iluminaba la cara, hacía dos días que lo veía en la misma esquina, haciendo malabares con naranjas. Con la misma y enorme sonrisa, agradecía a los pocos que le daban unos pesos antes de cambiar la luz del semáforo. Luego seguí conversando animadamente con los compañeros del trabajo, con los que fuimos a comer en aquel bar, casi enfrente al semáforo. Un rato más tarde, el gurí de las naranjas, nos preguntó si podíamos convidarle un pedacito de pizza. Yo lo cargo y le digo; en el rato que llevamos acá, juntaste más plata que la que nos pagan por día a nosotros, y de yapa, no estás en la escuela. En ese instante desapareció su hermosa sonrisa y una sombra de tristeza cubrió su cara, con lágrimas apenas contenidas nos relató su historia. Yo me mordí la lengua y literalmente quería que me tragara la tierra. Nos contó que hasta la semana pasada, él, que tenía 12 años y era el mayor de 5 hermanos, su mamá y su padrastro, vivía en el bar...
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DESESCRIBIENDOME (NOS) Desescribiendo verbos y sustantivos trato de llegar al centro, al meollo, al verdadero significado de lo que denominamos vida. A los por qué y para qué nos transformamos en este envase llamado cuerpo que nos acompaña en nuestro paso por este planeta al que nombramos tierra. A lo que muchos nominan existencia terrenal y a la finiquitud de la misma. Hay otros seres igual que yo -a los que genéricamente designamos Humanos- y que vamos descubriendo en el transcurrir del tiempo que poseen emociones, virtudes y defectos, que no siempre se encuentran en equilibrio. Que en algunos prima la Maldad, que parece ser parte intrínseca en ellos, forma parte de su Ello, que ha derrotado sin atenuantes a su Super Yo y donde su Yo, no tiene instancia mediadora posible. Muchos de ellos logran vivir en armonía, ser solidarios y compartir sus experiencias y tratar de hacer la vida más agradable. Pero no todos son así, son aquellos en los que no parece exist...