EL CADÁVER

        Debo confesar que el cadáver en el baúl me tenía tenso, preocupado. Aún faltaba pasar por dos retenes más, antes de llegar a destino.   Todo el camino me pase preguntando ¿por qué lo hice? sí sabía que estaba mal, que era éticamente reprochable y que además, estaba penado por la ley.  
Pero seguí mi impulso, yo podía y nadie me iba a decir cómo comportarme. Soy capaz de hacerme cargo de mis acciones –y además, jaja ¿quién se iba a enterar?-  Una vez concluido el acto, y con el cadáver tirado al costado del montecito, fui a buscar mi viejo Ford Falcon Futura,  lo puse de culata al lado del campamento y abrí el baúl. Dentro del mismo traía un gran pedazo de plástico para envolverlo y así evitar que pudiera gotear sangre o si algunos de los tres retenes tenía perros, pudieran sentir el olor (eso creía yo). Lo acondicioné lo mejor que pude –parecía que ahora pesaba más de los 70 kg. que cuando estaba vivo- y luego puse algunas cosas del campamento, tapándolo, para que pareciera un elemento más del mismo. El resto del campamento, volvería en el tráiler como había venido.   Concluido de cargar todo y limpiar muy bien –para no dejar ninguna señal que pudiera implicarme- me dispuse a partir con una sensación ambivalente, por un lado satisfecho, por haber realizado aquello que hace un tiempo me rondaba por la cabeza, y por el otro, el bendito temor que alguien pudiera descubrirlo.
Los primeros 5 km eran de tierra, antes de llegar a la ruta 12, por lo que fui muy despacio, ya que el camino no estaba en las mejores condiciones. Luego sí, asfalto hasta destino.   El aire de la carretera me despejó la cabeza y anduve los primeros 37 km. sin preocupaciones, cuando me di cuenta que el primero de los retenes estaba a poco más de 1 km, empecé a aminorar la marcha –el velocímetro marcaba 120- hasta casi detenerme, los gendarmes que estaban allí, me hicieron señas que continúe la marcha sin detenerme. Con un suspiro de alivio, seguí conduciendo por la casi desierta carretera. Era fin de semana y los camiones de transporte no pueden conducir estos días, y muy pocos se atrevían a andar bajo el implacable sol del verano, con casi 42º de sensación térmica –según la radio- adentro del auto se sentía mucho más.  
Me di cuenta que estaba traspirando más de lo habitual, creo que era porque además de la temperatura elevada, el segundo de los retenes estaba a la vista. Eran policías de la provincia y, al igual que los gendarmes, me hicieron señas de que continúe nomás. No me podía ver la cara, pero la enorme sonrisa y la sensación de alivio que sentí, se notaba, porque me aflojó la tensión en forma casi instantánea. Solo faltaba uno.
A medida que me acercaba a mi destino, la cantidad de autos empezaba a acrecentarse, hasta el punto que al llegar al tercer y último retén, íbamos a menos de 10 kph. Por suerte, los uniformados hacían señas a los automovilistas que siguieran adelante. Eso me saco una mueca en la cara, que quería ser una sonrisa, pero la tensión venía en aumento, y de golpe, todos mis temores se hicieron realidad. Un uniformado con un perro, me hacía señas que me detuviera a un costado. La cara de susto que debo haber tenido, debe haber sido fenomenal.   Tratando de parecer calmado, respondo el saludo del oficial y le entrego el carnet de conductor solicitado. Mientras tanto, el perro enloquecido, ladraba y tiraba al uniformado hacia la parte de atrás del auto. La cordialidad terminó, y  elevando el tono de voz,  me dijo –bájese y abra el baúl- mis piernas parecían de papel…  
Como entre sueños escuchaba la indignada perorata del oficial y de los otros que habían acudido, apenas descubrieron el cadáver  “Ud. es un inmoral, no sabe acaso que esto no se debe hacer, que está absolutamente penado por la ley, va a pagar con sudor y lágrimas, etc, etc…”  
…………………….  
Desde hoy me prometo, no ser tan soberbio y no volver a violar la ley. Lo más triste de todo, es que me decomisaron el surubí gigante que había pescado …  por violar la veda.

ººº
El Bloqueado

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