EL AQUERENCIAMIENTO (fragmento)

Después de haber “adquirido” una inmensa cantidad de tierras al norte de Yapeyú, para instalarse con su familia y hacer su futuro, el “rengo” Rafael González, que era un hombre de una mediana educación, pero muy inteligente, comenzó con la tarea de delimitar correctamente los campos de su propiedad.

Por ese entonces, los campos estaban limitados por las barreras naturales; ríos, arroyos, montes o artificialmente por zanjas, y el de “zanjeador” fue un oficio rural, como sería más tarde el del alambrador. También se usaron ampliamente los cercos vivos de plantas espinosas y enmarañadas. Pero hete aquí, Rafael por medio de su suegro, se enteró que en la provincia de Buenos Aires, ya hace muchos años (desde 1845 más o menos) un inglés de apellido Newton, había cercado con alambrado, parte de su estancia Santa María, a unas 10 leguas de Chascomús. Luego, finalmente fue Francisco Halbach, el primero en alambrar en su totalidad el perímetro de su estancia Los Remedios, que comprendía lo que actualmente ocupa el aeródromo de Ezeiza.

El “rengo” González, ni lerdo ni perezoso, trajo la idea y los alambres a Corrientes. Con postes de ñandubay, hizo los alambrados y los corrales de “palo de pique”. También comenzó a parcelar en potreros, las grandes extensiones, lo que facilitó la cruza de haciendas criollas con reproductores seleccionados, el mejor aprovechamiento de las pasturas y el inicio de algún cultivo en esos campos.

Toda esta movida, le dio un gran prestigio personal y el reconocimiento de muchos de los ganaderos/hacendados de la provincia y del norte de Entre Ríos. Él y su esposa, María Constanza Valiente, eran permanentemente invitados a las recepciones que realizaban las conservadoras familias de la provincia. Otra cosa que aumentó aún más el prestigio de “don Rafael”, fue la donación de tierras que hicieran junto con su esposa, desde el casco de la estancia hacia el río Uruguay, para la creación de un pueblo, al que llamaron Isoquí Porâ.

Ellos también se encargaron de traer agrimensores y urbanistas, para que lo diseñaran de la manera más funcional y práctica posible. Una vez terminado el diseño del pueblo, ordenaron construir una capilla en honor a la Virgen morena, nuestra Señora de Itatí.
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fragmento del embrión de novela: "La casa de los González - Valiente"
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El bloqueado


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