AÑORANDO  a CURUZÚ   CUATIÁ



OLORES

.
Olores, recuerdos, veredas

calles recorridas, niñez

la abuela y los jazmines,

las empanadas de los domingos

.
El almacén del barrio y la yapa.

olor a nuevo,

zapatillas “Flecha” y vaqueros Far West

.
Olores, recuerdos de crecer a los empujones

olor a quemado, una casa, que fue y ya no está

volver a empezar sin saber,

que era lo que habíamos hecho

.
Nuevas veredas y nuevos olores

no el del Jazmín, no

ese, era en la casa de los abuelos

.
Olores y lugares

calles nuevas, amigos ¿nuevos?

otra vida empezada desde cero

.
Olor a pan recién horneado

papel estraza -¡Deme por todo!-

y además venía la yapa.

.
Olores y colegio,

colegio, corbata y gomina,

olor a tinta china para caligrafía,

a cigarrillos con tos escondida,

en el baño, los recreos

.
En el medio el primer beso

olor a susto, a miedo

por aquello nuevo, tan desconocido

como andar por el desierto

.
Olor a estación de tren,

cuando se parte hacia delante

buscando algún sueño

.
Olor a hospital, a lavandina

cuando el viejo se fue,

quien sabe a qué puerto

.
Olor de arroz y huevos fritos

cuando entramos a la universidad

.
Olor a la persona que amas,

del otro lado del tiempo

.
Olor a soledad, a desconcierto

esperando que llegue,

la continuidad de tu simiente

.
Olor a pañales y mamadera

a noches no dormidas

desveladas para que no sea cierto

.
Olores, siempre olores

que nos recuerdan las cosas

que nos hicieron vivir y llegar a este hoy

.
Olores, simplemente olores.

ººº




NOSTÁLGICA NIÑEZ
.
La brisa mueve suavemente
las hojas de los árboles
trayendo con el aroma a jazmín
añoranzas de la niñez
en la casa de los abuelos
allá, en mi pueblo natal

º
Divaga la mente
en la que se amontonan
recuerdos de un tiempo
dónde la única preocupación
era pasar la tarde, con amigos,
en la pileta del club

º
Olor a calle recién mojada
por el camión regador que pasaba
por la avenida polvorienta
en los atardeceres de aquel verano
cuando comenzábamos, sin saberlo,
a despedirnos de nuestra niñez

º
Existen días como el de hoy
en los que cierro los ojos y
mentalmente vuelvo a vivir
esos mágicos momentos
con una sonrisa en el rostro
y la alegría en el corazón.

ººº


"NIÑEZ, SIESTA y NÍSPEROS

A medida que nos acercábamos al árbol de níspero de la casa de doña Juanita Ibarrola, en esa siesta destemplada de primavera, veíamos que estaba cargado de frutas y gurises. Estaban todos, hasta los que iban a la tarde a la escuela, a saber; "Estatequieto","Prestaatencióncuandotehablo",   "Bajatedeahí", "Nomecontestesmocoso",  y "Notoquesnada", estos dos últimos con el guardapolvo puesto y los bolsillos llenos de la apreciada fruta.

Bajatedeahí, les pedía cada dos por tres que no tiren las marrones semillas, ya que se usarían para el tanteador del seguro partido de truco que venía después que nos hubiéramos hartado de comer. Ritual que se repetía tantas veces podíamos, cuando éramos niños, allá en "la Sucursal del Cielo"

Como añoro esas siestas eternas con mis amigos, debajo o arriba de las tipas en la avenida Mitre, de mi querido Curuzú Cuatiá.

ººº


MI ABUELA
.

¡Viejos son los trapos!

Todavía hoy me parece

escucharla a mi Abuela,

allá en la noche de los tiempos,

cuando alguien le decía –que linda viejita-


º

En sus más de setenta y siete años

cuanta vitalidad demostraba

Sin imaginarme siquiera

a mis quince años,

cuanto sufrimiento y dolor soportaba,

lo que muchos años después supe,

por boca de mi madre


º

Ella era para nosotros

la sopa de Vitina,

los nísperos comidos en las ramas

de los árboles de su casa,

el maíz para las gallinas,

el refugio para alguna macana


º

¿Vieja?

ella no era vieja,

ella era Mi Abuela,

a la que  yo Amaba.


ººº





AQUELLOS BUENOS TIEMPOS, en La SUCURSAL del CIELO



Y ya van más de 40 años que mi (nuestro) padre empezó a hacerse recuerdo, un día de noviembre, en Curuzú Cuatiá, mi pueblo.
...
Después llegó sin esperarlo, el día que nos tuvimos que mudar de casa y de pueblo. Si, de la vieja casa de la infancia, la que estaba en la avenida, llena de recuerdos. Y en la casa física ya no estaremos más, pero nunca se irá de nuestra memoria, eso, no nos obligarán a perderlo.

Y hubo que preparar la mudanza. No es fácil empacar toda una vida. No es fácil seleccionar los momentos. Todos llegan juntos, los más tristes de la mano de los más felices. Las primeras fiestas de fin de año con los primos porteños. Los gurises de la cuadra, con los que estábamos ya sea, sentados en la esquina del Tero o en el tacuaral, jugando con las cerbatanas con bolitas de ligustro o la honda con semillas de paraíso, o cuando íbamos a comer los nísperos robados a doña Juanita, la vecina de la esquina o a jugar con los carritos de rulemanes, a la hora de la siesta. Que felices éramos, que ganas de darles un gran abrazo desde el tiempo.

Y aparecen cosas que ni nos acordábamos que existían. En un viejo baúl de madera –que uno de mis abuelos había traído de España- “las cartas secretas”… y la mente que vuela raudamente al pasado, a la adolescencia adolecida, al tiempo del primer beso robado en el recreo del colegio de monjas, al que iba la chica que te gustaba. Aquellas misivas, largas o cortas –porque en ese tiempo se escribía en papel, no existía la actual tecnología- en que nos decíamos lo mucho que nos queríamos, y que nos encontraríamos en algún “asalto” de un próximo viernes. O en el cine matiné, o en la misa del domingo, o en la pileta del club, si era verano.

Tiempos, que hoy nos parecen tan lejanos, pero sin embargo están grabados a fuego en el rincón de los recuerdos más queridos. Si hasta parece que los estamos viendo. Y cuando se aclara la mirada, después de una repentina inundación de nostalgias, vemos con más detalles y todas las imágenes tienen una tonalidad sepia, que las hacen inconfundibles.

Así se pasó el primer día, no empacamos casi nada, seguramente mañana, seguiremos intentando desprendernos del pasado. Pero en este momento no podemos hacerlo, aunque parezca paradójico estamos muy felices, rodeados de recuerdos…

ººº



NOSTALGIAS
.

Se vende o permuta

juegos de plaza

hamacas, calesita y un tobogán

bolitas, figuritas

soldaditos de plomo

carritos de rulemanes

rodillas peladas y una bicicleta

pandorgas

de papel diario y engrudo

casitas hechas con ramas de árbol

fabricadas en otoño

º

Todo en perfecto estado

conservados en el recuerdo

ºº

Compro

sonrisas a flor de piel y

amistades a prueba de balas…


ººº
Añorando la niñez, allá en Curuzú Cuatiá, mi pago chico.



CURUZUCUATEÑOS

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Somos viento y polvareda
sol ardiente y chicharras
Siestas largas de verano
monte y pajonal

Somos Pombero y Yasí Yateré 
ava ñe´ê y chicharrón

Nos enchamigamos
sí sos sincero,
bravos si nos provocás

Somos cruce de caminos
 y Cruz de Papel

Nacimos con el primer llanto
 de la nueva patria formándose

Nuestro grito, el Sapukay
 te recibe cuando llegás

En la "Sucursal del Cielo"
muy cómodo te sentirás
porque somos Curuzucuateños,
bendecidos por el Tupá.

***


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