Un cuento con un FINAL ABIERTO
LA CAPA INVISIBLE
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Fernando Rojas era un apasionado hombre, de unos 48 años, que vivía en el bajo de Flores. Trabajaba en refrigeración, arreglando e instalando acondicionadores de aire de ventana y splits, a los que iba a retirar, si era necesario, con su flamante camioneta Traffic 0 Km, que había podido comprarse después de muchos años de arduo laburo, primero como aprendiz y empleado, hasta que hace unos diez años, se independizó y pudo abrir su propia pequeña empresa, que hoy contaba con dos empleados que lo ayudaban en las labores diarias. No siempre le fue fácil la vida.
Siendo muy pequeño, unos cinco años, con toda su familia – Papá, Mamá y seis hermanos, él era el quinto y tercer varón- se vinieron del norte, a vivir en la gran ciudad. Épocas duras, que algunas veces le gustaría olvidar. Su padre comenzó a trabajar de peón albañil, en las construcciones que para ese tiempo, surgían como hongos, en la ciudad. Su madre se encargaba de él y sus hermanos, como mejor podía, en la humilde casilla que lograron levantar, en uno de los tantos asentamientos que había en el primer cordón sub-urbano. Dentro de la pobreza que lo rodeaba, tuvieron la suerte que a una cuadra de la casilla donde vivían, existía una pequeña capilla, que era atendida por un cura villero, al que le decían “Padre Mario”. Una bendición durante su infancia, ya que este cura, que era muy macanudo, los hizo estudiar a todos los hermanos, que pudieron terminar la primaria y les permitió mantenerse lejos de los vicios, inculcándoles fuertes valores morales. Fernando siempre se acuerda con gran cariño del Padre Mario, quién fuera abatido en la villa, durante un enfrentamiento entre pandillas de traficantes de “paco”, hace unos doce años atrás.
Una vez que hubo terminado la primaria, él también debió empezar a trabajar, para ayudar con la economía familiar, que poco a poco mejoraba, cosa que se notaba en la casita de ladrillos, donde vivían actualmente y que su padre fue construyendo con gran sacrificio y la ayuda de otros norteños, que como ellos, también vinieron a la gran ciudad.
A los 17 se puso de novio con Teresita, que tenía 15, la hija menor de los Gómez Saravia, que también llegaron a la gran ciudad desde el norte. Pero la juventud y las hormonas, llevaron a que ésta, quede embarazada, así que ambos, se quedaron a vivir en la casa de sus padres, pues ahora tenían lugar, ya que tres de sus hermanos mayores, tenían su propio rancho con su familia cada uno. Su hijo mayor nació, cuando apenas tenía 18 años. Antes de cumplir los 22, tres bulliciosos hijos, alegraban su vida.
Y el tiempo fue pasando, los hijos crecían sanos y también conocían al Padre Mario, que seguía en el barrio, acompañando a las familias y llevando una lucha frontal contra la droga. Él se fue asentando en el trabajo y haciéndose conocido por su profesionalismo y honestidad, por lo que era muy considerado y respetado por sus clientes.
Para cuando su hijo mayor cumplió los 14 años, se pudieron mudar a su propia casita en el bajo de Flores, afuera de la villa. Parecía que la vida por fin, le empezaba a sonreír. Pero, la desgracia llegó a su familia apenas dos años después. Teresita, su compañera, la madre de sus hijos, enfermó gravemente de un tumor mamario y en menos de seis meses quedó viudo y a cargo de sus tres hijos.
Fernando Rojas no se amilanó y acompañado, como siempre de su familia, que era muy unida y solidaria, continuó su vida de trabajo honesto y solo cuatro años después, ayudado por su hijo mayor, abrió su propia empresa de refrigeración. Y la cosas empezaron a andar mucho mejor, contrató primero un aprendiz y su hijo mayor pudo cumplir el sueño de todo padre argentino, honesto y trabajador, ingresó a la Universidad.
Y las cosas siguieron mejorando, conoció a una mujer joven, que trabajaba en una empresa del micro centro, a la que Fernando hacía el mantenimiento de los equipos de aire acondicionado, y un año después se fueron a vivir juntos, a la casita del bajo Flores.
Ahora, con su nueva familia, su mujer y su hijo más chico –que ya tenía 18 años- los dos mayores ya habían partido, una nueva etapa comenzaba.
Para completar la felicidad, a los 43 años de vida, fue padre por cuarta vez, la pequeña Milagros llegó a su hogar y su vida se volvió plena. Fernando era totalmente feliz.
A partir de allí, su vida empezó a girar en torno a Milagros. Como aquella vez cuando en un invierno muy frio, ella con apenas dos añitos, se enfermó de pulmonía, día y noche se pasó en el hospital acompañándola hasta que finalmente superó el trance y pudo volver a su casa. Tan preocupado estaba, que le prometió a la Virgen del Milagro, en cuyo honor había bautizado a su hija, que iría a agradecerle con la pequeña, si ella intercedía ante Dios, para que su hija volviera sana y feliz a su casa en el bajo de Flores. Promesa que finalmente cumplió, el día que la nena cumplió tres años de vida.
Al año siguiente, Milagros empezó a ir al jardín de infantes, hecho que alegró a toda la familia, especialmente a él, que desde el primer día se comprometió a estar siempre a la salida del colegio, pasare lo que pasare. Todo transcurrió normalmente hasta un mes antes de que terminaran las actividades escolares del jardín de infantes. En ese día Fernando tuvo que regresar a buscar a su hija mucho más temprano de lo que acostumbraba. La maestra lo llamó debido que su hija, así como muchos de sus compañeritos, se encontraban muy conmocionados por que se enteraron que un compañerito de ellos no iría más al jardín. Lo que había sucedido era que habían asaltado a la familia y el nenito, junto con una hermanita y sus padres, fueron asesinados por los ladrones.
Desde ese momento, la pequeña comenzó a tener pesadillas, y se despertaba con temor a cualquier hora y no quería dormir sola, por lo que durante un buen tiempo anduvieron sin saber qué hacer, hasta que una Psicóloga conocida les dijo que comenzaran a contarle cuentos de héroes y princesas con los que la niña se sintiera identificada.
Durante unos días le contaban los clásicos cuentos por todos conocidos, pero eso no parecía tener efecto sobre el comportamiento en el sueño de Milagros. Fue entonces cuando a Fernando se le ocurrió inventar un cuento, del cual estaría muy agradecido en el futuro. El cuento se llamaba “La Capa Invisible”.
El cuento era simple pero efectivo, la historia era más o menos así: Había un rey que tenía una hija, la princesita, que soñaba con dragones y otros monstruos que la visitaban en los sueños y no le dejaban dormir, entonces su papá- el rey- le regaló una “capa” que era invisible y le dijo que mientras la tuviera puesta, ningún monstruo, ogro o dragón podría hacerle daño ninguno. A la nena le gustó mucho el cuento y le pidió a Fernando que le regalara a ella también una, él sorprendido que el cuento que terminaba de inventar le gustara mucho a Milagros, le pidió que no se durmiera todavía, que regresaría enseguida y que tenía un regalo para ella. Salió por un momento de la pieza, regresando a los pocos minutos con los brazos extendidos, ella le preguntó por qué tenía así los brazos y él le dijo muy serio – fui a buscar la Capa Invisible que el Rey me dió para que te regale- dicho esto, hizo un ademán como alguien que deposita un vestido recién planchado sobre la cama y le pidió que se parase, con un gesto muy solemne colocó la Capa Invisible en los hombros de la nena, le dio un beso en la frente y le dijo que duerma tranquila, que ahora ya nadie más le podría hacer daño.
Después de mucho tiempo, Milagros y sus padres, pudieron dormir tranquilo toda la noche.
La vida continuó un poco ajetreada para Fernando, ya que la primavera estaba muy avanzada, por lo que tenía mucho trabajo y era un constante ir y venir con los equipos de refrigeración. Mientras tanto, Milagros que ya estaba de vacaciones, siempre con su Capa Invisible que la protegía de todos los males, y que solamente se la “sacaba” para bañarse o cambiarse, lo esperaba mirando desde la ventana y salía a su encuentro cuando llegaba.
Pero la alegría no duró para siempre, uno de esos días, la inseguridad tocó a su puerta.
Como siempre llegó tocando bocina antes de estacionar, Milagros, que lo estaba esperando, se bajó de la ventana y salió a esperarlo, de la nada apareció un ladrón exigiéndole el dinero y las llaves de la Traffick, mientras lo apuntaba con un revólver, en ese instante... el corazón se le paralizó, todo parecía suceder en cámara lenta, la nena corriendo hacia sus brazos y cuando la abrazó creyó escuchar que le decía con inocencia –no te preocupes papá, nos va a proteger la Capa Invisible- en el mismo momento que el ladrón gatillaba dos veces.
***
Nota del A.- El final lo eligen Uds.
a – el ladrón los mata a los dos.
b- las balas matan solamente a la nena.
c- se salvan, falla el tiro porque el arma del ladrón se atascó.
d- otro.
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El bloqueado
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